martes, 6 de octubre de 2009

Fado, las penas cantadas


Fado, las penas cantadas
Esta música portuguesa enamora a quien la escucha; Dulce Pontes, Misia y Mariza, entre otros, la aggiornaron y hoy resuena cada vez más; hace unos años en la Argentina algunos grupos comenzaron a interpretarla

Por Paula Halperín De la Redacción de lanacion.com phalperin@lanacion.com.ar
Portugal tiene ríos, tiene mar, montes y valles, tiene una mezcla de razas. Tiene amores y desamores, tiene escritores magistrales -como Pessoa o Saramago-, tiene un vino muy dulce -que se llama oporto- y también tiene el dulce fado.
El fado, como todos los estilos musicales, cuenta con algunas particularidades. Una, quizá la más conocida, es que sus baladas por lo general son tristes y hasta a veces un tanto desgarradoras. Pero quienes lo conocen saben que tiene la cualidad de cautivar las almas. Su melodía entra por los oídos como un suave y ondulante cosquilleo que penetra por las venas hasta llegar al corazón, y una vez allí no hay vuelta atrás: uno quiere profundizar más y más. Como decíamos, sus notas son tan suaves y ondulantes que recuerdan el movimiento de los barcos en un mar calmo. Tal vez por eso algunos creen que el fado viene del mar. ¿Quién sabe en realidad cómo se inventó? Para ciertas personas surgió de las saudades transformadas en canción, cuando las mujeres de los marineros tarareaban esperando a sus hombres con miedo de que el Mediterráneo los hubiera atrapado entre sus brazos.
Para otros, en cambio, ingresó por la ciudad de Lisboa de la mano de los mismos marineros. Dulio Moreno, quien además de pertenecer a la comunidad lusitana en la Argentina, tiene el programa de radio Saudade de Portugal y una banda de música folclórica portuguesa dice: "Una de las versiones cuenta que el fado llegó, a través del Lundum, una música propia de los esclavos del Brasil, traída por los marineros a principios del siglo XIX". Una tercera versión, reza que su origen está en los cánticos de los moros que habitaron los alrededores Lisboa después de la reconquista de los cristianos. Eran cantares que rebalsaban dolor y tristeza. De todas maneras, no tiene demasiada importancia descubrirlo. Seguramente haya sido la combinación de todos esos elementos lo que convirtió a este género en una fórmula perfecta.
Con el despertar de la música étnica muchos estilos tradicionales como el tango, la música celta y el flamenco comenzaron a resurgir, a través de cantantes contemporáneos. Algo así como si se pusieran de moda.
Hoy es el turno del fado, luego de haber quedado relegado durante varios años desde la famosa Revolución de los Claveles (en 1974), que derribó a la dictadura militar portuguesa. Esta música, y con ella la gran Amália Rodrígues , fue relacionada con la represión, ya que el régimen de António de Oliveira Salazar se proclamaba en torno de las tres efes: Fátima (por la virgen), fútbol y fado.
Aunque fue difícil sacarle esa impronta de derecha y pasado de moda, de la mano de Dulce Pontes, Mariza, Camané y Misia, entre otros, logró revivir. Ellos supieron aportarle un aire fresco y un estilo propio. También el director español Carlos Saura reparó en él y hace unos meses estrenó su película intitulada nada menos que Fados.
Aires porteños
Sin dudas, la globalización ayudó a que el género se diera a conocer por el mundo, ya que ha prendido en sitios inimaginables y hasta existen algunos grupos que comenzaron a interpretarlo en nuestro país. ¿Se puede decir que hay una movida de fado en la Argentina? Quizá todavía no sea tan así, pero no es casual que los 3 o 4 grupos que se formaron acá lo hayan hecho casi al mismo tiempo. ¿Llegará a tener repercusión o una música como esta precisa de un contexto determinado en el que se hable el mismo idioma?
Gabriela González López, la voz de Luz de Lágrima , que canta junto a Federico Mercado en la guitarra, piensa que no es tan importante que el público sepa portugués sino que pueda conectarse emocionalmente con la música. "Yo encuentro que el fado tiene una forma de hablar del amor, del desencuentro, de la vida, que es muy particular y que permite identificarse más allá de su contexto -explica-, porque dice las cosas de forma desapegada. Por ejemplo, el tango cuando cuenta algo se detiene más en lo externo: Ahora que estoy frente a vos parecemos dos extraños . En cambio, en las letras del fado es como si se partiera de los acontecimientos externos para contar la experiencia interna: Vos me dejaste y yo estoy en un mar de penas donde no hay puerto a la vista ". Evidentemente, los cantantes toman este punto de la identificación como algo muy importante y no sólo para ellos lo es. Sólo basta escuchar un tema para darse cuenta de que cualquier persona puede apoderarse de sus letras sin tener una idiosincrasia afín.
Ana Kusmuk, la vocalista de otro de los grupos argentinos, llamado Fadeiros , piensa lo mismo: "Cuando lo conocí me sentí muy cómoda expresándome a través de él. Tenía algo intenso y nostálgico, mezclado con una cosa muy española. Me parecía absolutamente placentero y sin preguntarme qué era ni por qué me gustó comencé a cantarlo".
El fado es la música más emblemática de los portugueses como lo es el tango para nosotros, pero ¿se puede decir que son hermanos? Si bien el origen del primero es incierto, algo los vincula: comenzaron a rondar alrededor del siglo XIX en círculos muy humildes y marginales, en ciudades portuarias, en cabarets y tabernas. Además, ambos tienen influencias africanas (por ejemplo, la palabra bondi). Pero la diferencia es que el fado se distingue por sus otras raíces: árabes y lusitanas.
Los que saben de música aseguran que hay otras dos características muy llamativas en este género: una, es que tanto las melodías como las letras tienen nombre propio. Es decir, a una misma composición se le pueden hilar dos poemas distintos y ambos quedan bien. A la otra particularidad la explica Federico Mercado, guitarrista de Luz de Lágrima, grupo que en diciembre estará editando su primer Cd: "El fado es muy sencillo a todo nivel, pero esa misma sencillez lo lleva a tener una gran profundidad. La ventaja de eso es que, al no ser complejo, uno puede soltarse y crear".
Echar raíces
Fadeiros es un conjunto de cinco integrantes, además de Ana, están Pepa Vivanco, Patricia Álvarez, Mariano Gora y Carlos Palacios. Curiosamente, ninguno de sus integrantes así como tampoco los de Luz de Lágrima tiene raíces portuguesas. Tanto en uno como en otro caso el interés se despertó por haberse encontrado con temas y artistas que los atraparon. Pero cada uno de los grupos, desde las distintas variantes que el género propone, explora estilos diferentes.
Por ejemplo, Fadeiros lo fusiona con un toque latinoamericano, además de tocar canciones mejicanas o de Bossa Nova. Luz de Lágrima se dedica a un tipo de fado más tradicional. Y hay otra cantante, que se llama Karina Beorlegui y toca junto a los primos Gabino, que canta fados y tangos. Por otra parte, hay público para todos y de todos los gustos, ya que van a verlos tanto jóvenes como adultos (de vez en cuando hay hasta adolescentes y niños) y nunca falta algún integrante de la colectividad portuguesa. Un punto interesante por conocer es cómo toma la comunidad el hecho de que grupos argentinos hagan sus versiones de este tipo de música. "En nuestro caso, la comunidad nos contactó para hacer una entrevista en la radio -dicen los chicos de Fadeiros-. Después nos fueron a ver y eran los primeros que estaban aplaudiendo".
"A nosotros nos recibieron muy bien -también asegura Gabriela-. Incluso nos invitaron de la Embajada para hacer un concierto en la Feria del Libro", y agrega que es importante tener en cuenta que nadie está tratando de copiar algo que ya estaba hecho: "La idea es que cada uno le ponga su sello a esta música". "Yo creo que el mayor respeto que uno puede tener por el género es mantenerlo vivo- . explica Pepa Vivanco- Es decir, que no sea considerado como una pieza de museo a la que no se puede tocar, sino que hay que actualizarlo constantemente". Y Carlos Palacios agrega: "Por ejemplo, la mandolina que toco no tiene nada que ver con el fado, pero yo emulo a la guitarra portuguesa. Y al tratar de reproducir lo que escucho hay limitaciones que presenta el instrumento que las tengo que resolver de otra manera. Y ahí es donde estás agregando un toque personal". "Es cierto. Al final los de la comunidad son los que terminan aplaudiéndonos más", asegura Pepa. ¿Pero entonces cómo se hace para que el género no pierda su esencia? Patricia Álvarez, aclara: "Así como nos llegó a nosotros y nos sensibilizó, nosotros lo tocamos con tanto sentimiento que eso se trasmite a la gente".
Pero también es importante la visión de alguien que está dentro de la comunidad: "Yo creo que esta música ha tenido muy buena repercusión en nuestro país -dice Dulio Moreno-. No importa si los grupos no lo reproducen con el acento del todo bien o si no cuentan con la genuina guitarra portuguesa. Se nota que lo hacen con toda la pasión y la comunidad lo toma como un homenaje a Portugal. Por eso, los alentamos para que sigan con su trabajo".






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